Cada mordisco de criollita me raspa la garganta. Detrás de la campanita está todo rojo, irritado. No hay placas. Por eso y porque todos insisten en que me resisto a la automedicación y al consejo que se repite por sms: acitromicina, una por día. Tomamos cerveza rica, escuchamos mùsica, hablamos de la vida y tambièn hacemos jugo de pomelo. La mitad de mi sangre discute con una gripe y una probable infección en mi garganta. La otra mitad recorre furiosa mi brazo mi mano y mi dedo índice cuando le alcanzo el vaso y le toco sin querer la mano.
No se lo digo aunque algún día se lo voy a decir: me alimento de detalles.
me pasa lo mismo pero algo de esto lo dijo Pinchilòn.
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