Momentos, sensaciones que transcurren dejando un vacío o quizás una huella significativa que hará que cambiemos para siempre. Me resigno a perder la capacidad de sorprenderme, de asumir todo como normal o predecible.
Cuando las cosas no son, no vale la pena cuestionárselas hasta complicarse y enroscarse más en lo mismo, lo más sano es aceptarlas y aprender a lidiar con ellas. Pero hay cosas que son inaceptables, que se van de las manos. A veces me cuestiono si es inútil seguir creyendo, confiando en la gente y en sus actos y me repito a mi misma que si, porque necesito que así sea y me niego a creer en que no existen los motivos para hacerlo.
Me desconciertan los tragos amargos, aquellos que provienen de sabores que suponía conocidos. Son extraños y hasta me parecen perversos. Palabras que envenenan, cuando sobran o faltan; cumplidos que afixian, cuando se multiplican y complican los días."Y todo lo que hacés por obligación, se lleva la alegría de tu corazón", me canta Fito cuando prendo la televisión para distenderme. Le agradezco, porque no puede haber palabras más justas e indicadas para la situación. Y es ahí donde salen a la luz los errores, los vacíos imposibles de completar con nada porque no se dejan y seguramente no valgan la pena.
Seguir, porque no queda mas remedio que seguir, apoyándonos en presencias sólidas y cálidas, asumiendo lo definitivo de las cosas y los malos ratos sin pensarlos demasiado para no volvernos tan locos.
suena Cerati- Puentes
amargo - gentileza de Belén
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