La misma sensación de ansiedad y zozobra, antes de escribir como antes de pintar. El papel en blanco siempre me provocó esa sensación de temor y a la vez excitación, el desafío del primer trazo, la construcción del primer párrafo, son los que delinearan el buen o mal resultado de la obra. O al menos ese es el riesgo.
Este ejercicio de la escritura, de alguna manera terapéutico, es producto de la angustiante visión que tengo del futuro, de mi propio futuro, del cual sin duda soy única responsable, tanto de sus estructuras como de sus vacíos. Tan parecidos son los resultados sobre el papel y sobre la vida, todo es cuestión del primer trazo, de la belleza de la primer frase.
Voy a hablar de mi, y ya que estas líneas no están dirigidas a nadie, me relevo del tedioso trabajo de relatar mi pasado, solo deseo escribir mis sentimientos últimos. Este pesimismo, este tedio, esta imagen en el espejo que cada vez me agrada menos. No puedo, no me alcanzan los numerosos argumentos que utilizan quienes me conocen, y creo, aprecian. Los argumentos impregnados del optimismo mas ingenuo, no pueden siquiera ser recordados para repetirlos como una oración, necesito ser absolutamente racional en este transe, no creo en soluciones mágicas, no creo en la providencia, como siempre solo me tengo a mi como herramienta, y es esto, solo esto lo que me ayuda a alejar la idea del prematuro final.
Ame tan intensamente que tengo la piel gastada de los encuentros, y los ojos perpetuamente irritados por las despedidas, no creo haberme guardado nada, lo que tenia para dar lo di, lo que no lo advertí, también y antes de lastimar me fui. Y si alguna vez lo hice tarde,… yo también sufrí.
Lavar la ropa y consumir las sobras del pasado para volver a empezar, termina haciéndose una costumbre, pero a estas alturas duele cada vez más. Es en esos momentos en los que las estructuras del pasado aparecen solo como caparazones sin más...lo que queda, es un inconmensurable vacío.
La fe es una aptitud del espíritu. Es, de hecho, un talento: se tiene que nacer con ella, pero ya lo dijo Anton Chejov...
encontrado por ahí, entre pelusas
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