Nunca sabré porqué tu lengua entró en mi boca cuando nos despedimos en tu hotel después de un amistoso recorrer la ciudady un ajuste preciso de distancias.
Creí por un momento que me dabas una cita futura,que abrías una tierra de nadie, un interregno donde alcanzar tu minucioso musgo.
Circundada de amigas me besaste,yo la excepción, el monstruo,y tú la transgresora murmurante.
Vaya a saber a quién besabas,de quién te despedías.Fui el vicario feliz de un solo instante,el que a veces encuentra en su saliva un breve gusto a madreselva bajo cielos australes.
Quisiera ser Tiresias esta noche y en una lenta espera boca abajo
recibirte y gemir bajo tus látigos y tus tibias medusas.
Sabiendo que es la hora de la metamorfosis recurrente,y que al bajar el vórtice de espumaste abrirías llorando,dulcemente empalada.Para volver despuésa tu imperioso reino de falanges,
al cerco de piel, tus pulpos húmedos,hasta arrancarnos juntos y alcanzar abrazados las arenas del sueño.
Pero no soy Tiresias,tan sólo el unicornio que busca el agua de tus manos
y encuentra entre los belfos
un puñado de sal
No te voy a cansar con màs poemas.
Digamos que te dije nubes, tijeras, barriletes, lápices y acaso alguna vezte sonreíste
Poemas para Cris
Julio Cortázar
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