Esta dulce amargura de los lunes,
esta tristeza suave en todo y nada,
la relación de causas y de ausencias,
el olvido dormido entre tu pecho.
La soledad vencida. Y el deseo.
Los nombres que olvidamos en los labios.
La lista de pecados en tu cuerpo.
El viaje de tus ojos en la noche.
La esperanza de verte o recordarme.
Esa vida pendiente entre tus dedos.
Las caricias del agua. Y el mordisco
del lobo del olvido en mi garganta.
Las venas de tu nombre, y esa risa
de peces y de uvas y de vinos.
El sueño de los días. Pesadilla
de no encontrar mi voz en tus caderas.
Todo se rompe, en fin, cuando me dices:
“La vida es el cuaderno donde anoto
el instante feliz de los encuentros.
Cuando lloras después de haberme amado”.
Rodolfo Serrano
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