es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes,
es el silencio.
Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
vos, no.
y te abrazo
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que vivís y me querés.
Y estoy abrazado a vos
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.
Vos vivís siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsás el mundo, le arrancás
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que vos tocás.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andás
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejás todo, te arrojás
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarrás:
ya no es duda.
nunca podés dudar.
Porque volviste los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tendés,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que encontrás en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
dice: Pedro Salinas
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